Hace poco más de medio año tomé una de esas decisiones que, quieras o no, te acaban cambiando la vida. Trabajaba para una gran multinacional que, si bien cubría de forma holgada mis necesidades económicas, me dejaba un profundo vacío por dentro: en el fondo, no pasaba de ser más que un número.
En 30 segundos
- Dejé una multinacional donde me sentía un número para entrar en una consultora pequeña especializada en calidad.
- Aquí el conocimiento se comparte: formaciones, viernes de co-working y dailies que no son un trámite.
- Con el cliente tengo libertad para aplicar mi visión del QA: garante del proceso, no policía.
Una empresa pequeñita en la que algo se encendió
En esas apareció qualtio, una empresa pequeñita especializada en calidad de software de la que no había oído hablar mucho, pero con la que, en cuanto hice la primera entrevista, algo se me encendió dentro: sabía que había algo distinto. Por un lado, el trato era extremadamente cercano (algo que agradecí después de tantos procesos estándar de selección) y, por otro, las preguntas eran increíblemente concisas. Se notaba que sabían muy bien lo que buscaban.
Mis sospechas resultaron acertadas cuando conocí al equipo. En mis años de experiencia he tenido la oportunidad de trabajar en auténticos colosos del sector, pero en mi vida había visto una concentración de talento semejante. Tuve la misma sensación que deben de tener algunos futbolistas cuando llegan a clubes de primerísimo nivel: preguntarse si realmente ejercen la misma profesión.
No pasaba de ser más que un número: un engranaje más de una rueda monstruosa que iba a seguir girando hicieras lo que hicieras o dijeras lo que dijeras.
Un equipo que comparte lo que sabe
Mis compañeros no solo están especializados en calidad; muchos, además, son expertos en DevOps, desarrollo o tienen unos conocimientos y una habilidad sorprendentes en el manejo y uso exhaustivo de la IA en el ámbito laboral, especialmente teniendo en cuenta lo incipiente que aparentemente era todo aquello para mí. Y lo mejor y más sorprendente es que todo ese conocimiento no sólo no se privatiza sino que se anima a ser compartido, ya sea en peculiares sesiones de formación o de manera espontánea en un viernes de co-working, donde charlamos sobre las tendencias del sector o el último cacharreo que ha hecho un compañero por su cuenta. El crecimiento aquí es inevitable.
Una cultura que se respira a diario
Esa cultura de cercanía y aprendizaje no es puntual, sino que se respira en el día a día. Las dailies no son un mero trámite de control; son un espacio donde aprovechamos para contar en qué estamos metidos, reutilizar ideas, y no vamos a engañarnos, pasar también un buen rato, ya que no siempre se habla de trabajo.
Esa misma sinergia es la que impulsa la idea de los co-working ya mencionados. Por primera vez no voy a una “oficina” porque me sienta obligado, sino porque me apetece sinceramente que nos veamos las caras, charlar sobre la chorrada que comentamos el otro día e irnos a comer luego juntos.
Un cliente con ganas de modernizarse
Ahora faltaba la otra pata importante: el cliente para el que iba a trabajar. Y aquí tuve la gran suerte de encontrarme con un gigante de su sector que llevaba un par de años adentrándose en el mundo IT y que quería seguir modernizándose, incorporando una calidad más exhaustiva en sus procesos, lo que en la práctica suponía un terreno enorme por cultivar con nuevas ideas.
Por ello, una de las partes más importantes era que nos daban una libertad casi total a la hora de abordar el seguimiento de la calidad en las distintas iniciativas que iban surgiendo. Y eso, para mí, fue un auténtico bálsamo, porque pude aportar mi visión de lo que significa ser QA, enfoque que por supuesto es respaldado e impulsado al máximo desde qualtio, uniéndose así al conocimiento que compartimos diariamente.
Qué es (y qué no es) un QA
Para mí, un QA no tiene nada que ver con ser un policía pendiente de que se sigan a rajatabla todos y cada uno de los supuestos preceptos. Un QA debe ser un garante de la calidad del proceso, adaptándose a la personalidad de cada equipo, flexibilizando el marco de trabajo en la medida de lo posible para convertirse en el mayor aliado de los desarrolladores. De este modo, todo el equipo puede sentir que su trabajo es pulido y respaldado en una dinámica de mejora continua, más que de control o fiscalización.
Somos, esencialmente, la garantía de que el producto entregado se ajusta perfectamente a las demandas del negocio, sin perder de vista que, durante esa elaboración, se respeten cada uno de los estándares de calidad exigidos. Por eso, por primera vez en mi vida laboral, he tenido la sensación de poder desplegar todo mi potencial gracias a la confianza que me brindaban desde ambos lados.
Balance
Después de todos los eventos, cenas, jornadas de coworking, desayunos, risas, trabajo duro y reconocimiento de estos meses, puedo decir con total tranquilidad que el vacío que sentía se ha llenado y que, por tanto, la decisión que tomé fue, sin ninguna duda, la acertada.


